Inteligencia artificial como problemática en la teoría de Luigi Ferrajoli: hacia una constitución de la tierra
Palabras clave:
IA, democracia, geopolíticaResumen
La irrupción de la inteligencia artificial (IA) como poder global redefine profundamente las estructuras tradicionales de poder y soberanía en el siglo XXI. Lejos de ser solo una herramienta tecnológica, la IA acompañada del control masivo de datos, se ha convertido en un recurso estratégico que otorga posición de supremacía a quienes controlan los algoritmos, superando incluso a los Estados en influencia. Este nuevo poder tecnológico ha llevado a una reconfiguración geopolítica en la que actores como Estados Unidos, China y la Unión Europea compiten no solo por capacidades económicas o militares, sino por el dominio de infraestructuras digitales y redes globales de datos. Sin embargo, esta posición hegemónica también presenta un lado oscuro: la IA puede facilitar la vigilancia masiva, la manipulación de la información y la discriminación algorítmica, generando tensiones entre eficiencia tecnológica y la garantía de derechos fundamentales en la sociedad global.
En este contexto, la propuesta teórica de Luigi Ferrajoli para una “Constitución de la Tierra” ofrece un marco normativo global invaluable. Su idea de un constitucionalismo planetario apunta a establecer límites jurídicos universales que regulen el desarrollo y uso de la IA, garantizando la transparencia, el control humano y la responsabilidad legal como escudos frente al abuso y concentración de poder. Incorporar derechos digitales específicos, como la privacidad, la no discriminación algorítmica y la transparencia, es esencial para adaptar las garantías clásicas a los
desafíos contemporáneos.
No obstante, persisten retos fundamentales. La viabilidad política de acuerdos vinculantes sigue siendo incierta en un panorama internacional fragmentado por competencias hegemónicas. Además, la tensión entre universalidad y particularidad respecto a los derechos digitales exige
una reflexión crítica sobre cómo estas normativas pueden responder de manera equitativa a las realidades socioeconómicas divergentes del Norte y del Sur global. Asimismo, resulta imprescindible considerar la noción de ciudadanía digital y fortalecer la cooperación internacional para garantizar que la gobernanza tecnológica no quede en manos de unos pocos actores dominantes, sino que se fundamente en la participación plural y democrática.
En última instancia, el control ético y democrático de la IA es indispensable para que esta tecnología potencie a la humanidad sin suplantar la deliberación democrática ni erosionar el espacio público. La IA no debe erigirse en un poder autónomo sin límites, sino situarse bajo un marco constitucional planetario que preserve la justicia, la libertad y la dignidad humanas. Solo así será posible transformar este recurso estratégico en una herramienta emancipadora, al servicio de la sociedad global y no de su sometimiento.